Ginés González García: "Si el aborto fuera masculino estaría resuelto hace tiempo"

Nacionales 08 de abril de 2018 Por
El ex embajador en Chile y actual director de la Fundación ISalud, Ginés González García tiene una extensa trayectoria como político dedicado al sanitarismo. Brindó una extensa nota al diario Clarín, que compartimos para San Nicolás.
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-¿Qué se discute cuando se discute la legalización del aborto?

-Muchos quieren convertirlo en una discusión religiosa, yo lo tomo como un tema de salud pública. Hay entre 360 mil y 500 mil abortos anuales, o sea un aborto cada dos nacimientos, y la consecuencia de que sean clandestinos, por estar tipificados como delito, es la muerte de mujeres habitualmente jóvenes y pobres. Además del dolor y del agravio psíquico, hay 50 mil internaciones post aborto. Eso refleja que la dimensión sanitaria es terrible. Salvo en África y América Central, el mundo lo resolvió hace mucho cuando dejó de tomarlo como una cuestión religiosa, aun en países como Italia y España, cunas de occidente y de religiones.

-Esa estadística surge de un estudio de 2005 que financió el ministerio de Salud cuando usted era ministro.

-Si. Como no había datos, porque no hay registro de algo que es ilegal, financiamos dos estudios. La estimación, explicada a grandes rasgos, toma que sobre cada internación se producen 5 o 6 veces más de hechos. Los que se internan son los casos críticos, que supone un porcentaje de los que se hacen. De ahí se estimó que en 2005 había entre 380 mil y 500 mil casos.

-¿La cifra se mantiene?

-Quizá ahora haya menos casos críticos, lo que no cambia la magnitud brutal. Esto puede darse porque en 2005 el aborto era quirúrgico y ahora se usan medicamentos, el Misoprostol, que no está autorizado para uso ginecológico, aunque está en trámite. Si se legaliza, y se usan medicamentos será más simple, más corto, más barato y con menos riesgos.

"En los países que lo legalizaron nunca aumentó la cantidad de abortos. Y sí hubo una baja brutal de muertes”


-Algunos dicen que legalizar aumentará la cantidad de abortos.

- No. Quien quiere hacerse un aborto, de una manera u otra, se lo hace. En los países que lo legalizaron nunca aumentó y en algunos bajó. Pero lo que disminuye brutalmente son las muertes, las complicaciones porque legalizado, el aborto, se hace en otras condiciones. También disminuye el efecto psicológico porque además de doloroso, también es tomado como delito.

-Un delito casi sin causas judiciales.

-Totalmente. Lo estudié. En teoría, una internación post aborto debe denunciarse, pero un porcentaje mínimo lo hace. La cantidad de casos que intervino la Justicia fue menor y tampoco había sentencias. ¿Entonces para qué? Para inhibir a las mujeres a que lo hagan, sobre todo a las más pobres porque las condiciones no son iguales para una mujer con solvencia económica que para una pobre piba. Es un castigo con los más jóvenes y los más pobres.

-Entonces ¿estamos ante un delito que no se penaliza pero que ocurre de a miles?

-La hipocresía llega a un punto mayor: cuando yo tuve el quilombo con la Iglesia, no fue por la despenalización del aborto sino por las campañas de anticonceptivos. Hice campañas de distribución gratuita y me las atacaron a muerte. A Aguer (Héctor, arzobispo de La Plata), le dije en la jeta que yo respetaría su posición si él, además de estar en contra de un programa público, iba a la farmacia de la esquina de la catedral a predicar que no vendan anticonceptivos. A lo único que se oponían era a los programas públicos.

"Sospecho que Macri instaló el tema sabiendo que no va a pasar por el Senado. Dan el debate, pero hacen lo contrario”


-En aquel tiempo Antonio Baseotto, el obispo castrense, le dedicó la frase: "quienes escandalizan a los pequeños merecen que le cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar".

-Claro. Desde siempre, yo estaba preocupado por las enfermedades de transmisión sexual. El primer profiláctico que salió en una publicidad lo puse yo siendo ministro de Salud en Buenos Aires. Tuve algún quilombito con la Iglesia pero a Antonio Quarracino, que era cardenal, le dijimos que era por el SIDA. En 2005 fui a ver al cardenal Bergoglio para contarle que iba a hacer una campaña muy agresiva de prevención de esas enfermedades, que tenía algún efecto sobre prevención de embarazo, pero que no era lo central. No hablamos una palabra del tema aborto. Yo le dije no busco votos ni quiero ser famoso, ni jugar contra la Iglesia, lo que hago está vinculado con la salud pública. Le pido que entienda. No me dijo nada pero me acompañó a la puerta y cuando me despide me dice: “vaya con Dios ministro, usted va a ir al cielo”.

-Casi un guiño.

-Después pasó lo de este loco, Baseotto. Kirchner se enojó porque tenía cuitas con Bergoglio por otras cosas. Fue una bestialidad lo que dijo pero lo minimicé. La pelea no fue por el aborto que con ellos, por una cuestión de dogma, no se puede discutir.

-¿Kirchner le dijo algo?

-Cuando se armó el quilombo, le dije: “Avisame si querés que afloje”. El me dijo: “Vos hacé lo que tengas que hacer”. Cristina, tampoco intervino. No creo que le haya gustado pero no me dijo nada.

-¿Pero por qué ni Néstor ni Cristina Kirchner propusieron despenalizar el aborto como se va a debatir ahora?

- Con Kirchner no estaba en agenda, nunca lo analizó. En ese momento, hace 13 años la discusión era hacer cumplir la ley de aborto legal (para casos específicos) y la ley de salud sexual.

-¿Y con Cristina por qué no se hizo?

- Ahí mi relación era tirante con el Cachivache (se refiere a la ex ministra de Salud Graciela Ocaña) y jamás se me ocurrió proponérselo a Manzur, que era ultraconservador.

"Hoy muere más gente por comer de más que por comer de menos. Hay epidemias por la mala alimentación”


-¿Que aquel Bergoglio hoy sea Papa puede influir para que la despenalización no avance?

-Algo puede pasar. Van a operar sobre los senadores diciendo que justamente es el país del Papa. Algo de eso van a usar.

-En Senado, el rechazo parece muy alto.

-Ahí hay otro tema. Los senadores son todos viejos, en general, más de 60 años. De 40 años para abajo la mayoría opina de un modo y de 40 para arriba, de otro. Deciden los que tienen más de 60 y están fuera de carrera (se ríe). Encima son varones. Yo suelo decir que si el aborto fuera masculino, estaría resuelto hace tiempo, pero es de las minas.

-En la demanda de legalizar se agrega lo de libre y gratuito.

-Para que deje de ser un delito y empiece a ser un derecho donde el Estado asista. No quise hacer un estudio del impacto económico pero entiendo que sería bajo. En los temas de salud, lo que se debe buscar es que sea igual para todos. Una vez que se incorpora al sistema de salud pública se extiende a las prepagas y a las obras sociales.

-¿Valida el debate científico sobre "cuándo empieza la vida"?

-Se usa mal. La vida viene con el espermatozoide y el óvulo, que son células vivas. Pero una cosa es la vida y otra la persona. Ahí la legislación del mundo está entre 12 y 14 semanas, porque no hay sistema nervioso ni sensibilidad. Por eso yo digo que la semilla es vida pero no es el árbol.

-¿Lo sorprendió que el debate lo ponga sobre la mesa Macri?

-Sí. Sobre todo porque el gobierno hizo una política absolutamente en contra del aborto legal para casos específicos, ley que no se aplica en más de medio país. En CABA, Macri vetó una ley siendo jefe de Gobierno. El año pasado, en la provincia ocurrió algo bochornoso: la ministra de Salud (Zulma Ortíz) adhirió al protocolo para casos de abortos legales pero salieron el procurador (Julio) Comte Grand y el ministro de Gobierno (Joaquín) De la Torre a matarla. Fue una pena de muerte política y la echaron a los meses. Pura presión religiosa.

-Se supone que manda Vidal, no ellos.

-Vidal echó a la ministra. Hablaron ellos, quizá para que no hable ella que es joven y es mujer. El punto es que el Gobierno se niega a cumplir la ley del aborto legal pero habilita el debate de la legalización. Creo que lo largaron una semana de mucho lío político como distracción para que no se hable de Caputo y de la economía. Así y todo, cualquiera sea la intención, ha sido positivo. Creo, eso sí, que tienen el reaseguro del Senado.

-¿Sospecha que Macri lo tira sabiendo que no pasa por el Senado?

- Creo que sí, que tiene claro eso. Da el debate pero en la acción, el Gobierno hace lo contrario. El programa de Procreación Responsable y Salud Sexual, que incluye educación e insumos de anticoncepción, fue brutalmente interrumpido por el ministro Lemus. El nuevo ministro (Alfredo Rubinstein) lo ha vuelto a poner en marcha, le destinó presupuesto.

- Suele haber cambios entre ministros. A usted no le gustó su sucesora, Graciela Ocaña.

- Cachivache. Yo le digo, alegremente, Cachivache.

-Ni la nombra.

-No. Cachivache, y mi ánimo se basa en varias cosas como un contrato del PAMI, que ella renovó a pesar de las recomendaciones para incluir la política de genéricos. Es el mismo contrato que ahora el gobierno celebra haber cambiado. Tengo serias dudas de su probidad. Lo que hizo con la suspensión de campañas fue atroz: hubo muertos que tuvieron que ver con la responsabilidad de ella.

-¿El nuevo contrato del PAMI es positivo?

-Sí. El PAMI venía comprando mal y caro. El convenio es muy bueno para el PAMI, no tanto para los jubilados que pagan de su bolsillo. Lo que no me gusta es que el Gobierno sea más duro con la industria local que con la industria internacional. En el mundo hay cuatro países donde la producción local supera a la internacional: EE.UU., Alemania, Japón y Argentina.

-En el tironeo entre el PAMI y los laboratorios, siempre aparecen mencionados Mario Quintana y Farmacity.

-Quintana fue el enemigo total de la industria y Farmacity quiere expandirse a la provincia de Buenos Aires. En el PAMI el combate fue con el gasto: estaba 1000 millones abajo por mes, Casinotti bajó el déficit de 15 o 16% a 2%, y a mitad de año lo va a equilibrar. Ese es su objetivo.

-¿Cómo ve la situación del peronismo?

- Al peronismo le falta más que un candidato, le falta un proyecto, una hoja de ruta. Eso sería un factor de unidad. Tenemos recursos y equipo para hacerlo pero estamos todos pelotudeando a ver quién es candidato de qué, o quién saluda a quién. Es cierto que es una crisis de la política en el mundo. De hecho, en Argentina gobierna una ONG, dicho esto sin menoscabo. Acá no hay grandes personajes: hay alguien que tiene los votos en la provincia de Buenos Aires, que es Cristina, y alguien que no tiene los votos del resto del país, que es Cristina.

Cordobés y tardío piloto de autos de carrera

Corrió por las calles de Córdoba el día de septiembre de 1966 que una metralla policial fusiló a Santiago Pampillón. Lejano pero fresco, aquel es el primer episodio de intensidad política que cita Ginés González García cuando escarba en inquietud militante.

Todavía no había “descubierto” el peronismo, al que llegó unos años mas tarde -”en los ‘70 no se podía ser otra cosa que peronista”, carcajea- y del cual, con algún reproche amable y bastante autocrítica, casi medio siglo después aún se siente parte.

“A veces me parece que hay mas peronistas que peronismo: que tenemos un qué pero no un cómo”, repasa el hombre de las tres G, hincha fanático de Racing, padre de dos hijas, abuelo por cuatro y tardío pero entusiasta piloto de automovilismo. En su larga estadía como embajador en Santiago de Chile, tomó el hábito de competir en una categoría monomarca.

Atribuye a Rudolf Virchow, un alemán, médico y socialista de fines del siglo XVIII, su interés por la medicina social que entendía el ejercicio de esa ciencia como una política a gran escala. Pudo. Primero porque Antonio Cafiero lo convocó para ser ministro de Salud bonaerense porque le habían hablado bien de él y porque, cuenta perplejo González García, luego le confesó que le había gustado un libro suyo.

“Salimos vivos”, titula y explica que la inflación acumulada de la gestión Cafiero fue del 5.640%: atravesó todas las híper, las de Alfonsín y las del primer Menem. En los ‘90 rechazó, dos veces, la oferta de Eduardo Bauzá para ser ministro durante el menenismo. Y le dijo que no a “Chacho” Alvarez cuando debutaba la Alianza. Repitió, notificado por una placa roja de Crónica TV, con Duhalde en medio de los espasmos del 2002. Con el caudillo de Lomas, nunca se llevó bien pero valora que estuvo a la altura en tiempos de crisis.

Fue heredado por Nestor Kirchner, con quien compartía la pasión febril por Racing. En aquella época sacudió la agenda con su postura para despenalizar el aborto, expediente que magnificó los desencuentros del patagónico con Bergoglio. Ni antes ni después -hasta marzo pasado, cuando lo hizo Mauricio Macri- otro funcionario público de volumen se animó a zambullirse en ese debate ríspido. Sibarita y experto contador de anécdotas, Ginés frecuenta, menos de lo que se lo anuncia, citas peronistas de ánimo unionista pero entiende que el partido pagó el costo de haberse olvidado de la clase media y que también le pasan factura por los volantazos ideológicos; el péndulo Menem-Kirchner.

Ginés abrazó una enseñanza que le trasmitió Juan Manuel Fangio quien le reveló su truco: consistía en acelerar cuando los demás pilotos bajaban la velocidad turbados por un accidente. “En medio de la crisis, hay que acelerar”, podría ser el mandamiento de Ginés, un agnóstico que asume que hay algo que induce a actuar (a hacer el) bien, un código de bondad o corrección, y que a los 72 años, risueño y provocador, vuelve a pisar el acelerador.

ITINERARIO

Nació el 31 de agosto de 1945 en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires. Rindió dos años libre para comenzar el secundario con 10 años. A los 15 ya estudiaba medicina en Córdoba. En 1973 coordinó el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), en San Luis. En el '76 se exilió en España. En 1988 fue ministro de Salud bonaerense de Cafiero. En 2002, Duhalde lo llevó a su Gabinete y continuó con Néstor Kirchner hasta 2007. Fue electo legislador porteño por el FpV, pero no asumió: lo designaron embajador en Santiago de Chile, hasta 2015. Es fundador y director de la Fundación ISalud. Tiene dos hijas y cuatro nietos.

AL TOQUE


Un desafío: Mejorar la salud de los argentinos.

Un sueño: Una Argentina más justa y saludable.

Un recuerdo: Mis viejos, Mario y Sarita.

Una sociedad que admire: Admiro algunas pero no podría vivir dos minutos en ellas, como Japón.

Una persona que admire: Cafiero. Para mi generación, fue el Perón que no tuvimos: a Antonio lo vimos, lo hablamos, lo discutimos.

Un líder: Perón.

Un prócer: San Martín, a quien aprendí a valorar más estando en Chile, donde lo reconocieron antes que acá.

Un a comida: Comida de olla.

Una bebida: Vino tinto.

Un placer: Racing.

Un libro: Tengo varios según la época de mi vida. Uno de ellos es “La decadencia de Occidente”, de Oswald Spengler.


Una serie: “Homeland”.